Centralia, Pensilvania.

Epicfania

14 de noviembre de 2021

En los Montes Apalaches de Pensilvania, en el noreste de Estados Unidos, se encuentra Centralia, o más bien lo que queda de esta pequeña población, que un día fue una gran comunidad minera y terminó convertida en un pueblo fantasma en cuyo subsuelo arde un infierno a más de 700ºC.

El carbón de este sitio fue el que dio lugar a la fundación de la localidad a mediados del siglo XIX y sería ese otro preciado mineral el origen de su desaparición.

Todo inicio por un fuego subterráneo de forma accidental en 1962 cerca de una mina abandonada, acabó extendiéndose por el subsuelo del pueblo, esto obligo a trasladar a la totalidad de sus 1.200 habitantes y a destruir más de 500 casas, un día, algunos trabajadores quemaron un montón de basura en el interior de una de las minas abandonadas, la cual estaba siendo utilizada como vertedero de la ciudad.

Esta práctica de quema de basura era una práctica común, pero en ese momento en particular existía una agravante peligroso, el mineral, altamente inflamable, se encendió inesperadamente por el fuego de la basura

Desde ese día, Centrealia es una urbe fantasmal, con edificios abandonados y carreteras con grandes boquetes, una ciudad cubierta de vegetación. Si has llegado hasta ahí, es posible que puedas sentir el latir del infierno que hay bajo la tierra de Centralia. A varios metros de profundidad el fuego no ha cesado desde 1962.

Centralia fue registrada en 1866, pero ha existido desde 1841, cuando la taberna Bull’s Head, fue abierta por Johnathan Faust. 
En 1854, Alexander W. Rea, un ingeniero minero civil de la compañía Locust Mountain Coal and Iron, se mudó a la zona y construyó varias calles y parcelas. Entonces el lugar fue conocido como Centreville hasta 1865, cuando se cambió el nombre por Centralia como consecuencia del establecimiento de la oficina de correos. La industria del carbón se volvió la principal ocupación de la comunidad

El gobierno instaló monitores de gas en muchos hogares como medida de precaución dentro de la zona afectada, aunque muchos otros residentes se quejaron de los síntomas de la exposición al monóxido de carbono.

En 1969, después de haberse iniciado el incendio, se redoblaron esfuerzos para tratar de contener el fuego a través de trincheras y una especie de sellos de arcilla, pero el intento fue un absoluto fracaso. Al mismo tiempo, varias personas se vieron afectadas a causa del monóxido de carbono producido por el siniestro.

Después de varias décadas hicieron muchos intentos por extinguir el fuego subterráneo. Las minas se enjuagaron con agua y el carbón ardiendo se trató de excavar, pero a pesar de la persistencia de los equipos, sus esfuerzos fueron en vano. El trabajo de extinción había durado demasiado, con un gran coste económico y sin ningún progreso apreciable.

En la actualidad, después de iniciarse el fuego, los expertos dicen que hay suficiente carbón como para alimentar las llamas durante 250 años más. Lo que un día fue una comunidad vibrante con hoteles, comercios y viviendas, hoy es un moderno pueblo fantasma cuyas entrañas continúan ardiendo.

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